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Nadie sabe

Daremo shiranai

Cada cierto tiempo nos llega a Occidente alguna noticia sobre la creciente deshumanización de la sociedad japonesa, dominada por un índice altísimo de competitividad agresiva, suicidios y enfermedades psicológicas, también en la infancia. Este panorama desolador —desgraciadamente común a otros países desarrollados— se aprecia también en Nadie sabe, durísima película del japonés Hirokazu Kore-eda, presentada en el Festival de Cannes 2004, donde su protagonista, el niño Yuya Yagira, ganó el Premio al mejor actor.

Se trata del cuarto largometraje de ficción de este prestigioso realizador, nacido en Tokio en 1962, licenciado en la Universidad de Waseda en 1987 y formado como documentalista en la cadena independiente TV Man Union. Para ella realizó títulos muy elogiados, como Shikashi, Otra educación, Agosto sin él y Sin memoria. En 1995 Kore-eda debutó en la ficción con el largometraje Moborosi, al que siguieron After Life, Distance y Nadie sabe. En la actualidad, prepara el rodaje de Hana Yorimo Naho, película de época protagonizada por samuráis de la Era Edo. También ha producido los largometrajes de dos jóvenes cineastas japoneses: Kakuto, de Yusuke Iseya, y Frutos salvajes, de Miwa Nishikawa.

Niños abandonados
El guión de Nadie sabe se inspira en hechos reales acaecidos en 1988, y conocidos como «el suceso de los cuatro niños abandonados de Nishi-Sugamo». Se relata así la tragedia de cuatro hermanos —los niños Akira y Shigeru, y las niñas Kioko y Yuki—, todos de padres diversos, sin ningún tipo de escolarización e incluso inexistentes para el Estado, pues no habían sido inscritos en el registro civil. En Tokio se instalan con su madre en un apartamento alquilado de 41 metros cuadrados, sin que los vecinos conozcan más que al hermano mayor —de doce años—, pues no admitirían a los otros tres. Éstos, por tanto, acceden al piso escondidos en maletas, no salen nunca ni se asoman a las ventanas, y ocupan el tiempo con inocentes juegos.

La situación llega a un punto límite cuando un día la madre desaparece y deja al mayor al frente de la prole, con unos cuantos míseros billetes para los gastos. Esto obliga al espabilado chaval a instaurar un severo régimen de supervivencia entre sus hermanos y a redoblar sus esfuerzos por obtener dinero de donde sea, incluidos sus diversos padres, a cuál más egoísta. Pero su prematura e hiperresponsable madurez se verá tentada por su amistad con otros chavales de su edad —que le invitan a jugar al béisbol, su gran sueño— y por el inocente romance con una chica de un colegio cercano.

Inquietante docudrama
Al hilo del paso de las estaciones —lo que le ha obligado a rodar durante un año entero y en orden cronológico—, Hirokazu Kore-eda recrea esta historia dantesca con un sobrio hiperrealismo, casi nada morboso, muy poco elaborado desde el punto de vista dramático, y más cercano al documental que a la ficción. Ciertamente, su retrato detallista de la prosaica cotidianidad de estos sufridos chavales resulta a veces tedioso, y desde luego hubiera mejorado rebajando notablemente los 141 minutos que dura la película. Además, esa atmósfera opresiva se enrarece aún más con la escasez de contrapuntos de humor y de referencias humanizadoras, que oxigenen el indignante egoísmo de la madre y los vecinos.

De todas formas, las improvisadas interpretaciones de los niños son sensacionales y hacen olvidar a menudo esos defectos, entre otras cosas porque sus impaciencias, sufrimientos, alegrías, luchas y silencios, muy bien subrayados por la emotiva banda sonora del dúo Gontiti —culminada por la bella canción Jewel, de Takako Tate—, son elocuentes argumentos del desgarrado grito infantil que lanza la película a favor de una profunda regeneración moral de la sociedad japonesa y, por extensión, de todas las sociedades desarrolladas. Unas sociedades en las que nadie se plantea a fondo cómo afectan a los niños el individualismo hedonista de sus padres, la facilidad para los divorcios rápidos o la capacidad de adopción de las parejas homosexuales o lésbicas. J.J.M.

Director: Hirokazu Kore-eda. Intérpretes: Yuya Yagira, Ayu Kitaura, Hiei Kimura, Momoko Shimizu, Hanae Kan, You. Fotografía: Yutaka Yamazaki. País: Japón. Año: 2004. Producción: Hirokazu Kore-eda, para Bandai Visual Co. Ltd, Cine Qua Non Films, Engine Film Inc. Guión: Hirokazu Kore-eda. Música: Gontiti. Fotografía: Yutaka Yamazaki. Dirección artística: Toshihiro Isomi y Keiko Mitsumatsu. Montaje: Hirokazu Kore-eda. Estreno en Madrid: 13-V-05. Distribuidora cine: Golem. Distribuidora vídeo: Cameo. Duración: 141 minutos. Género: Drama. Público adecuado: Jóvenes. Contenidos especiales: V D.

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